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A medida que los consumidores son cada vez más conscientes de cómo su dieta afecta a su salud, la importancia de los claims (declaraciones) a la hora de orientar sus elecciones alimentarias es evidente. Las declaraciones tienen mucho poder a la hora de vender sus productos, pero existen normativas estrictas para evitar cualquier información engañosa, que las autoridades consideran ilegal.
Para evitar que los consumidores sean inducidos a error, se han elaborado diversas normas y se ha restringido el uso de declaraciones, como ocurre con el Reglamento (CE) n.º 1924/2006 y el Reglamento (UE) n.º 432/2012 de la Comisión sobre declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos. Estas leyes garantizan que las autoridades puedan comprobar las declaraciones para proteger a los consumidores de información engañosa, ya sea intencionada o no. Actualmente, todas las declaraciones deben cumplir una serie de exigencias, incluido el estar respaldadas por pruebas científicas verificadas por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).
Según la ley, un claim o declaración es «cualquier mensaje o representación, que no sea obligatorio por ley y que sugiera que un alimento posee características particulares». Esta es una definición muy amplia abierta a interpretación, pero significa innegablemente que la publicidad también debe cumplir con esta ley.
El reglamento distingue entre declaraciones relacionadas con la salud y declaraciones relacionadas con la nutrición.
Una declaración de salud implica una relación entre una categoría de alimentos, un alimento o un ingrediente y la salud del consumidor; en algunos casos, el reglamento también exige descargos de responsabilidad o advertencias adicionales como parte de la declaración.
Ejemplo: El potasio es bueno para la presión arterial.
Una declaración nutricional indica que el producto tiene un determinado perfil de nutrientes, como “fuente de fibra” o “sin azúcar”.
Sin embargo, algunas declaraciones quedan fuera de estas categorías, como «Contiene aceite de girasol». Dentro de esta categoría, existen varios tipos de declaraciones que incluyen declaraciones de composición, declaraciones sensoriales, información sobre el origen, pruebas de sostenibilidad y muchas otras, cada una de las cuales requiere la consideración de las normativas pertinentes.
En esencia, esta complejidad hace que la verificación de las declaraciones sea difícil y desafiante. Evaluar una declaración implica tener en cuenta no solo la normativa sobre declaraciones, sino también otras legislaciones pertinentes.
A medida que los consumidores son cada vez más conscientes de cómo su dieta afecta a su salud, la importancia de los claims a la hora de orientar sus elecciones alimentarias es evidente. Las declaraciones tienen mucho poder a la hora de vender sus productos, pero existen normativas estrictas para evitar cualquier información engañosa, que las autoridades consideran ilegal.
Para evitar que los consumidores sean inducidos a error, se han elaborado diversas normas y se ha restringido el uso de declaraciones, como ocurre con el Reglamento (CE) n.º 1924/2006 y el Reglamento (UE) n.º 432/2012 de la Comisión sobre declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos. Estas leyes garantizan que las autoridades puedan comprobar las declaraciones para proteger a los consumidores de información engañosa, ya sea intencionada o no. Actualmente, todas las declaraciones deben cumplir una serie de exigencias, incluido el estar respaldadas por pruebas científicas verificadas por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).

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