Fraude alimentario es la producción y / o comercialización deliberada de alimentos no conformes con fines económicos que podrían afectar la salud del consumidor. El fraude alimentario se produce cuando los productos no cumplen con la legislación, por ejemplo, no se producen siguiendo el proceso «correcto», no contienen los ingredientes «correctos» o no coinciden con la etiqueta, el origen declarado, etc.

No hay una definición acordada por la UE de "fraude alimentario". Sin embargo, se acepta ampliamente que abarca los casos en que la legislación alimentaria de la UE se viola intencionadamente para obtener un beneficio económico o financiero mediante engaño al consumidor.

Los fraudes alimentarios socavan la autenticidad de los productos: origen del producto, características biológicas (especies, tipos) y calidad (DOP, IGP). Este problema afecta especialmente a los productos premium de gran valor. Sin embargo, la creciente complejidad de las cadenas alimentarias, la crisis económica y la reducción de los suministros han aumentado la presión a nivel mundial para cometer adulteración de alimentos.

El fraude alimentario es un fenómeno global y en continua evolución. La forma en que los alimentos son falsificados puede ser muy original y creativa; evoluciona tan rápidamente que podemos imaginar una especie de carrera entre los estafadores que buscan maneras indetectables de cometer fraude alimentario para obtener ganancias financieras, y los laboratorios buscando soluciones analíticas adecuadas para prevenirlo.

Se estima que el fraude alimentario costará a la industria alimentaria mundial entre 30 y 40 mil millones de dólares cada año (John Spink, Michigan State University).

El 10% de los productos alimenticios se ven afectados por fraude alimentario. Teniendo en cuenta la frecuente retirada de productos, el riesgo para la salud y los intereses económicos de los consumidores, la reputación de la marca y sus consecuencias, la falsificación de alimentos en todo el mundo es de 1.7 billones de dólares (fuente: Roger Sexton undercurrentnews, 2015).

La adulteración de alimentos se ha convertido en un tema tan importante que el seguimiento del riesgo de fraude alimentario es requerido por las normas internacionales más importantes como BRC, IFS, FSSC 22000, etc.

Recientemente, la industria alimentaria ha experimentado varios episodios de fraude, algunos de los cuales han tenido efectos dramáticos como la melamina en la leche y el colorante cancerígeno Rojo Sudán en pimentón. Sucesos como el escándalo de la carne de caballo de 2013, los fraudes de pescado (Oceana 2012-14) o falsos orígenes geográficos de los productos premium, demostraron que la autenticidad de los alimentos, concretamente, la calidad y seguridad, debe salvaguardarse.

Hay muchos tipos de adulteración de alimentos. Las adulteraciones más comunes se refieren a especies y calidad (carne de caballo en lasaña de ternera, frescura de pescado, adulteración de especias, etc.), origen geográfico (aceite de oliva virgen extra, queso PDO, miel, etc.), declaraciones de producto ecológico para vegetales no ecológicos (plaguicidas), etc.

Según el Parlamento Europeo, los diez productos más adulterados son:

  • Aceite de oliva
  • Pescado
  • Productos ecológicos
  • Leche y productos lácteos
  • Cereales
  • Miel y jarabe de arce
  • Cafe y te
  • Especias (azafrán, chile en polvo, etc.)
  • Vino
  • Zumos de fruta

(Informe sobre la crisis alimentaria, el fraude en la cadena alimentaria y su control (2013/2091 (INI)) Parlamento Europeo basado en Spink et al., 2013)

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